Las malas noticias no dejan de llegar, el Programa Comunitario de Salud Mental de Gaza (GCMHP por sus siglas en inglés) con quienes la Universidad de Sevilla tiene un convenio de colaboración, también ha sido bombardeado.

Esta institución fundada por el psiquiatra Eyad El Sarraj proporciona servicios psicológicos a la población de Gaza, la más traumatizada y necesitada del planeta. Ya ni esto queda. Su director, Dr. Ahmed Abu Tawahina lo ha comunicado a la prensa.

Todo fue destruido hoy, último día del año 2008; muros, tejados, paredes, ordenadores, archivos, y todo tipo de infraestructura necesario para poder continuar con su actividad. Sólo quedan ruinas en las oficinas donde trabajaban 150 personas, organizaban cursos, videoconferencias, encuentros internacionales y nos enviaban correos describiendo la situación. Ya no hay correo electrónico, ya no hay teléfonos, ya no hay comunicación, ya no queda nada. Afortunadamente ha sido de noche y no ha habido víctimas.

Cuando los servicios de atención psicológica son más desesperadamente necesarios que nunca, les bombardean el centro de operaciones. A pesar de todo el personal continuará con su trabajo, sin edificio, sin informes y sin ordenadores. Dicen que trabajarán desde casa y visitarán hospitales y familias.

El lunes, antes que el edificio fuese destruido, Dr. Tawahina hizo un programa de radio en Gaza para asesorar a los padres sobre cómo actuar para calmar las crisis de pánico de los niños, y cómo darles seguridad durante el interminable bombardeo israelí. “Era difícil encontrar algún consejo útil, aparte de los conocidos como es estar dentro de casa y continuar con actividades para distraerlos”. Consejos para situaciones no comparables con las de Gaza, donde no es que tengan que protegerse, es que son intencionalmente atacados.

Nos dice que “Las palabras no pueden reflejar la situación de Gaza; estrés, trauma, inseguridad, son palabras irrelevantes en estos momentos. Es catastrófico. Los padres se suponen deben dar seguridad y proteger a sus hijos, qué ofrecer cuando no se pueden ni proteger a sí mismos. Están desamparados y desesperados.”

Los resultados de las investigaciones señalan que el 60% de la población de Gaza sufre de estrés postraumático, que unido a la ruina económica, la crisis social, y la continuidad de los ataques israelíes, da lugar a lo que el Dr. Tawahina denomina “el síndrome de Gaza”, que conduce al ser humano a un estado incurable. Pero estas ofensivas israelíes es lo peor que ha visto en su vida.

“La gente en Gaza son animales experimentales; los ponen en una jaula, les dan corrientes eléctricas por todas partes, y se tienen que quedar en la jaula, sin poder hacer nada, sin poder mejorar la situación, simplemente haciendo nada. Esta es la situación de la gente en Gaza.” Descripción de Tawahina que nos recuerda el famoso experimento de Martin Seligman (ver nota) que muestra los síntomas de la indefensión aprendida, realizada con perros y que sirvió para fundamentar los principios y efectos de la depresión.

“El síndrome de Gaza” aparece cuando se somete a los seres humanos a una abrumadora secuencia de estímulos negativos y mortales para su vida, sin capacidad de reaccionar ni de controlar mínimamente nada. Un experimento que provoca unos síntomas en la persona que percibe y vive que quieren exterminarla y simultáneamente le impiden hacer nada para evitarlo ni escapar de la situación. Cuando esta situación además se mantiene en el tiempo hasta hacerse crónica, conduce a un extremo de desamparo y desesperación desconocidos hasta ahora en el ser humano.

Pero el experimento israelí en Palestina no termina de funcionar. Parece que los palestinos se niegan a no poder controlar nada, y de una manera u otra y contra todo pronóstico terminan encontrando una pequeña palanca que activar, que les permite percibir que “algo” pueden hacer, que algo pueden aún controlar. Es por ello que lanzan piedras, cohetes, que resisten un bloqueo, que resisten una ocupación, que resisten vivos, y hasta que los exterminen seguirán resistiendo.

Israel olvida que los palestinos son seres humanos.

*La Indefensión aprendida fue postulada por el psicólogo Martin Seligman. Seligman exponía a dos perros, encerrados en sendas jaulas, a descargas eléctricas ocasionales. Uno de los animales tenía la posibilidad de accionar una palanca con el hocico para detener esa descarga, mientras el otro animal no tenía medios para hacerlo. El tiempo de la descarga era igual para ambos, ya que la recibían en el mismo momento, y cuando el primer perro cortaba la electricidad, el otro también dejaba de recibirla. En cualquier caso, el efecto psicológico en ambos animales era muy distinto; mientras el primero mostraba un comportamiento y un ánimo normal, el otro permanecía quieto, lastimoso y asustado, con lo que la importancia de la sensación de control en el estado de ánimo parecía demostrada. Incluso cuando la situación cambiaba para el segundo animal, y ya sí podía controlar las descargas, era incapaz de darse cuenta y seguía recibiendo descargas sin intentar nada para evitarlo.

Basado en el artículo http://www.thestar.com/article/559994
publicado en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=78285

Maria Jose Lera
lera@us.es

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